Todas las personas tenemos cosas buenas y cosas malas, virtudes y carencias. Y es un error fijarnos más en lo malo que en lo bueno del carácter o de la forma de actuar de los que nos rodean. Disculpando los defectos y valorando las cualidades de los demás les hará bien a ellos y a nosotros nos ayudará a conseguir la paz del espíritu.
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