jueves, 8 de septiembre de 2011

Tal vez nuestra oración no debería ser siempre: "Señor, ayúdame en mis necesidades; sonríeme, porque estoy triste". De vez en cuando podríamos decir: "Señor, dame fuerzas para animar a los que desfallecen; ayúdame a sonreír para alegrar a quienes están tristes".

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