El diseño del cuerpo humano muestra el orden de las facultades que deben regir nuestra vida. En lo más alto, el cerebro, con la inteligencia y la razón; debajo, el corazón, con las pasiones y los sentimientos; y más abajo aún, el sexo, con la búsqueda del placer sensual. Si cambiamos el orden y colocamos alguna facultad en un lugar que no le corresponde, posiblemente nos equivocaremos y tendremos que sufrir las consecuencias.
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